«Cayucos» per sortir de l’exclusió

La ignominiosa travessa del Mediterrani de milers de migrants que es veuen obligats a marxar dels seus països és una història d’horror si coneixem cas a cas les persones afectades. A l’Arxiprestat Badalona Nord i Sud, aquesta situació s’ha encarnat amb l’assentament irregular del barri del Gorg a Badalona on una nau es va incendiar provocant la mort de cinc persones. Aquest cas, que va despertar un gran interès mediàtic i de l’opinió pública està remetent com a notícia, però el cert és que aquest col·lectiu continua vivint amb penúria.

Des de Justícia i Pau de Badalona s’ha ideat l’acció solidària «L’horitzó és Àfrica» que té el propòsit de sensibilitzar la ciutadania i recollir fons econòmics. Així, Ibrahima Seydi, un escultor senegalès que ja porta molts anys a Catalunya, ha produït al seu país d’origen unes 150 figures artesanals en fusta en sis models diferents amb noms de persones que han mort en la travessia. Els fons obtinguts de la venda (es calculen 5.500 €) serviran per donar suport a l’associació Almas Quemadas, que aglutina persones afectades per l’incendi de la nau, i també per pagar el treball de l’escultor.

En l’acció també s’han implicat les Càritas parroquials de Sant Josep i de Santa Maria, la Fundació Llegat Roca i Pi, el monestir de Sant Jeroni de la Murtra, Stop Mare Mortum, l’Associació Noves Vies, Open Arms i el propi Arxiprestat. Igualment, també s’estan explorant altres sortides per a la integració sociolaboral d’aquest col·lectiu.

Aquí teniu l’enllaç al formulari per reservar les escultures.

Migraciones climáticas

Ya podemos decir que los daños del cambio climático que el planeta está sufriendo no son cosa del futuro. La borrasca Filomena está relacionada con ello, y en el levante de la península ibérica hemos sufrido tempestades en los últimos años cuya magnitud también es atribuida por los científicos al cambio climático. Pero donde los impactos son mucho más dañinos es en las áreas tropicales. Ahí, la desertificación crece deprisa, llevándose por delante terrenos de pasto y de cultivo; las sequías son cada vez más frecuentes y prolongadas; las lluvias son cada vez más torrenciales y destructivas, y la subida del nivel del mar está eliminando ya muchos cultivos de los deltas por la intromisión del agua salada en los acuíferos subterráneos a agua dulce.

Esto está provocando desplazamientos de población. Cuando desaparecen los terrenos en los que la población rural tenía sus cultivos o zonas de pasto, no hay más alternativa que abandonar el hábitat. Por ahora, la gran mayoría de las personas desplazadas por el clima se está yendo a los suburbios de las ciudades de su propio país. No se convierten en migrantes, son desplazados internos. Esta es una de las razones por las que las ciudades tropicales están creciendo de forma desmesurada. Dentro de unas décadas, las ciudades europeas o norteamericanas no podrán contarse entre las mayores del mundo, pues estas serán todas africanas y de Asia del sur.

También hay una parte de las personas que están abandonando sus hábitats que emigra, es decir, que sale de su país para buscar las ciudades de otros países; pero la gran mayoría de las que hacen tal cosa se queda en los países vecinos. Así, por ejemplo, la emigración climática que se produce en los países del Sahel que están desertificándose se va a las ciudades de los países vecinos de África occidental, sobre todo, a las ciudades costeras. Lo mismo ocurre en el Cuerno de África, en Asia del sur, en el Sudeste Asiático, etc. Podemos decir que las migraciones climáticas son, por ahora, de corta distancia y que apenas llegan a Europa.

Pero llegarán. Habrá un momento en el que los impactos climáticos también obligarán a mucha gente a salir de esas ciudades costeras tropicales. El calor, la escasez de agua potable, el incremento de las tempestades y la subida del nivel del mar harán inhabitables algunas zonas urbanas costeras. Las migraciones climáticas de larga distancia crecerán; quizás no de forma desmesurada, pero, según las estimaciones que muestro en mi libro, en el 2060 podría haberse doblado el número de migrantes que hoy hay en el mundo.

¿Qué consideración debemos dar a los migrantes climáticos? ¿Qué tratamiento jurídico? Para responder a esto no podemos obviar que el cambio climático que el planeta está sufriendo es debido a las actividades humanas; está provocado por los gases de efecto invernadero que venimos emitiendo desde el inicio de la industrialización. Pero, además, los gobiernos de todo el mundo lo saben desde hace varias décadas, como también saben que el cambio climático se frenaría si detuviésemos las emisiones. La clave está en que los gobiernos llevan tres décadas haciendo acuerdos climáticos para reducir las emisiones y las mismas tres décadas vulnerándolos. Las emisiones no han dejado de crecer (con lapsus como el de la crisis del 2008 y el de la pandemia del 2020). Así que los gobiernos tienen una responsabilidad evidente en el avance del cambio climático, y ello es lo que convierte a los migrantes climáticos en víctimas de una determinada acción política, en este caso, la inacción frente al cambio climático.

Los migrantes climáticos, en tanto que víctimas de una acción política, son merecedores de protección internacional, al igual que lo son las personas que huyen de persecuciones políticas o de guerras. Es por ello por lo que debemos hablar de refugiados climáticos. Sin embargo, no hay ningún marco jurídico internacional que reconozca la figura del refugiado climático, y, por tanto, debe abrirse un debate sobre la mejor manera de llegar a tal reconocimiento. Un debate que ha de darse tanto en los ámbitos de la lucha contra el cambio climático, como en los de defensa de los derechos de los refugiados.

Miguel Pajares