El cristianismo primitivo ante las epidemias (pongamos el siglo III)

Cada época se enfrenta a las epidemias con sus propias ideas, imágenes y reacciones. Al echar la vista atrás nos damos cuenta de que no somos tan originales como creemos, y para muestra la reacción de dos autores cristianos de mediados del siglo III, Cipriano de Cartago (Sobre la peste) y Dionisio de Alejandría (Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica VII,21 y 22), ante una epidemia que tuvo lugar en el Imperio romano durante este tiempo.

Las reacciones habituales en estos casos consistían en: 1) medidas de corte “religioso”, sobre todo de carácter expiatorio; 2) implicación de los poderes públicos en la lucha contra la epidemia, que ponía en cuestión el orden social, y 3) aplicación de los conocimientos médicos y científicos a la enfermedad.

Cipriano y Dionisio no mencionan la segunda reacción, ni tampoco hacen especial hincapié en la tercera, aunque la animen y alaban, sino la primera, pero con una serie de cambios radicales.

1) No ven la epidemia como un justo “castigo de Dios” para aplacar las ofensas humanas, algo que para estos dos escritores cristianos es contrario al Dios del amor y la misericordia de Jesucristo, sino que consideran la epidemia como una “prueba”, una situación que cuestiona nuestro modo de vida y nos indica por dónde deben ir los cambios necesarios.

2) El remedio a la epidemia no consiste en una serie de sacrificios expiatorios para expulsar el mal: ser cristiano no te libra de la enfermedad (mientras los demás que se apañen como puedan), sino que supone vivir la epidemia con un talante diferente: pascual, con la esperanza que da la muerte y resurrección de Jesucristo; y solidario, por considerar que aquí no se acaba todo.

3) Plantean dos campos en los que centrarse: a) la creación de un modelo de personalidad recia, resiliente, capaz de enfrentarse a situaciones tan complejas y dolorosas como la epidemia, en palabras de san Cipriano (“paciente y perseverante”, cf A. Kreider, La paciencia. El sorprendente fermento del cristianismo en el Imperio romano, Sígueme, Salamanca 2017).

Y b), frente a preocupación obsesiva por la salud personal, que se expresaba en la huida del foco del peligro (habitual en las personas de estamento superior) o la resignación pasiva ante los designios de los dioses y la multitud de supersticiones para huir de la epidemia de las personas de estamento inferior, las comunidades cristianas pusieron en marcha una serie de medidas de corte caritativo entre las que destacan, inicialmente, el cuidado y la atención personal a los enfermos o fallecidos, poniendo en peligro su propia vida, una muerte que el obispo alejandrino consideraba igual a la del martirio:

“La mayoría de nuestros hermanos, por exceso de su amor y de su afecto fraterno, olvidándose de sí mismos y unidos unos con otros, visitaban sin precaución a los enfermos, les servían con abundancia, los cuidaban en Cristo y hasta morían contentísimos con ellos, contagiados por el mal de los otros, atrayendo sobre sí la enfermedad del prójimo y asumiendo voluntariamente sus dolores. Y muchos que curaron y fortalecieron a otros, murieron ellos, trasladando a sí mismos la muerte de aquellos”, Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica VII,22,7.

Y, con posterioridad a la epidemia, tanto Cipriano como Dionisio plantean la ayuda económica a quienes se encontraban más desvalidos ante esta gravísima crisis social, algo a lo que las comunidades cristianas estaban ya bastante acostumbradas y fue uno de los factores fundamentales de su crecimiento.

En resumen, que cuando desaparece Dios, su sustituto no suele ser la razón, sino las supersticiones; y que no hay nada más pagano que considerar la epidemia como “castigo de Dios”, ni nada más cristiano que poner en peligro la vida por el cuidado del otro (martirio sanitario).

Fernando Rivas Rebaque

Cinco motivos (políticamente incorrectos) para leer los Padres y Madres de la Iglesia (2)

Veure Cinco motivos (políticamente correctos) para leer los Padres y Madres de la Iglesia (1)

Espero y deseo que el artículo anterior no te haya convencido del todo para leer a los Padres y Madres de la Iglesia (PMI desde ahora) porque los motivos eran muy previsibles, las propuestas demasiado políticamente correctas, o simplemente que, con el poco tiempo que dispones, prefieres leer otras cosas más interesantes.

Buena señal, porque eso significa que todavía mantienes un sano sentido crítico ante la publicidad engañosa y además me permite seguir profundizando en otros medios más sofisticados para “manipularte”, en este caso desde el lado oscuro, con cinco motivos políticamente incorrectos para esta lectura.

El primero, y creo que más eficaz, lo descubrí hace mucho: si dentro de la Iglesia se quiere fundamentar algo sobre bases sólidas se acude a la Escritura y a l*s PMI. Por lo tanto, ¿por qué no conocerl*s mejor y así utilizarl*s a mi favor o de quien lo merezca? El silencio que se produce cuando dices algo muy provocador y después afirmas “es una cita de los Padres” es solo comparable a la sonrisa de felicidad en tu interior (pérfida vanagloria, sed utilis!).

Después de este motivo creo que no debería seguir, porque vamos por mal camino, pero la pasión me domina, así que entramos en el segundo motivo: l*s PMI son una fuente inagotable para conocer todo aquello que se pretende tapar o poner con sordina. Es decir, nada como l*s PMI para el morbo o la curiosidad insana en sitios donde esperábamos que todo fuera pureza inmarcesible, eso sí, siempre por una buena causa.

Vamos en caída libre, así que para evitar que alguien pueda pensar (¡cínico!), y que además tenga razón, continuamos con el tercer motivo: saber que no hay nada nuevo bajo el sol y que muchas de las frases bellas o profundas que hay en los libros de teología o escuchas son en realidad una copia de lo que l*s PMI escribieron hace más de 1.500 años reconforta mucho, pero si encima esto lo dices tú, no tiene precio. Advertencia de amigo: di de dónde lo tomas, da más prestigio que si te lo apropias de manera indebida.

Me estoy jugando mi (escasa) credibilidad, pero “from the lost to the river”, así que vamos al cuarto motivo: para evitar que el gusto intelectual se nos estrague y la mente creyente se nos embote con tanta bazofia teológica que se está produciendo en los últimos años (pongamos que veinte, seguro que alguien piensa que más) hay dos soluciones: acudir a los clásicos de teología de los años 70-90, tarea más que aconsejable, o ir a l*s PMI. Acudir a est*s últim*s tiene varias ventajas como: preferible acudir a los originales que a los , te ahorras las repeticiones innecesarias y evitas que te den gato por liebre.

Por si alguien pensaba que no se podía llegar más bajo, que espere al quinto y último motivo: el precio por todo este arsenal de saberes, placeres y curiosidades es realmente barato: bien acudir a alguna biblioteca de teología (si se está en una ciudad no hay problema), bien acudir a internet, donde hay buenas colecciones, en ambos casos nos sale gratis, o bien comprar algún libro que nos interese (no salen más caros que cualquiera del Círculo de Lector@s).

Visto lo visto, y para evitar que esto se desmadre más, nada mejor que acabar, eso sí, prometiendo nuevas y, espero que mejores emociones, en la próxima entrega: ¿qué hace un chico como tú en cuestiones de patrología y no en cosas más modernas o de más prestigio eclesial?

Fernando Rivas

Cinco motivos (políticamente correctos) para leer los Padres y Madres de la Iglesia

Fernando Rivas Rebaque és un consiliari dels grups de l’ACO de Madrid. Especialista en els primers segles de l’Església, acaba d’obrir una plana web al Facebook on va oferint, molt apassionadament, fragments de textos dels Pares i Mares de l’Església, que són uns grans desconeguts per a molts cristians. Li hem demanat que vulgui compartir durant uns quants números aquesta passió amb els lectors de L’Agulla, ja que n’és subscriptor. Hem volgut respectar la seva tan personal forma d’expressar-se, en castellà.

Hace dos meses envié al director de la revista Palabra (excuso decir a qué grupo religioso pertenece) un artículo que tenía este mismo título, sin el añadido de “políticamente correctos”. La semana pasada lo publicaron tal y como yo lo había enviado, con el pequeño matiz que era otro el autor que lo firmaba. Así que aprovecho ahora para contar de mi puño y letra los cinco motivos (políticamente correctos) para leer los Padres y Madres de la Iglesia.

El primer motivo para leer a los Padres y Madres de la Iglesia es por la propia calidad de lo que ofrecen: es verdad que en ocasiones suenan a rancio, el paso del tiempo no ha sido en balde y muchas de sus propuestas son indigeribles, pero por otra parte la mayor parte de sus textos son fácilmente reciclables (no todos) y, evitando el totalitarismo del hoy, entrarían dentro de lo vintage y el amor por lo bien hecho. Es difícil encontrar un elenco tan completo de contenidos tan provechosos, relatos tan bellos y bien escritos, o inspiraciones tan atrayentes.

La comunidad eclesial ha considerado útil, y este es el segundo motivo, seleccionar a aquellos autores y autoras que considera como especialmente autorizad*s, porque recogen la tradición creyente con claridad y precisión, además de con gran cariño. Es verdad que la selección es bastante parcial en ocasiones (por ejemplo, el número de autoras es mínimo) y se han omitido ciertas tradiciones, pero para eso estamos nosotr*s, para buscar lo que más nos pueda interesar en medio de esta gran biblioteca de autores cristianos, porque hay para todos los gustos (y colores).

En tercer lugar, si excluimos la Sagrada Escritura, son los testigos más autorizados para hablar de la experiencia creyente, pues son los que están más cerca cronológicamente de la vida de Jesús y el nacimiento de la Iglesia, siendo muchos de ell*s protagonistas de esta Vida que no cesa. Es la sensación de beber agua, no del grifo, sino del manantial de montaña, sin contaminar y sin cloro.

Otro motivo, el cuarto, es la propia pluralidad que aparece en los Padres y Madres de la Iglesia: proceden de diferentes naciones y tienen diferentes lenguas, utilizan diferentes géneros literarios y tienen diferentes maneras de pensar. Esta gran riqueza nos permite aproximarnos a ell*s según nuestras necesidades: que queremos espiritualidad, tienen tratados de espiritualidad inigualables, que queremos Biblia, tienen comentarios escriturísticos insuperables, que queremos moral, pues moral. Lo tienen todo, y en las más diversas formas: cartas, discursos, poesía…

El quinto motivo, se podrían dar muchos otros, es su propia apertura y fidelidad con el mundo y la Iglesia que les tocó vivir. Supieron estar a la altura de las circunstancias, responder con los medios que tenían a mano y ofrecer sus propias vidas como testimonio personal de fe. Por eso se han convertido en ejemplo a seguir, son más actuales que muchos de hoy (en honor a la verdad no hay que hacer gran cosa para ello); porque el tiempo no pasa por los clásicos, y siempre que los leemos conectan con lo mejor de nosotr*s.

Después de este artículo, tan clásico y morigerado, en próximas entregas se prometen emociones fuertes, pues veremos otros cinco motivos políticamente incorrectos para leer los Padres y Madres de la Iglesia, medios para llevar a cabo esta propuesta sin morir en el intento ni quedar tocad@s, y por qué me dediqué a esta disciplina tan extraña siendo como soy y dedicándome a lo que me dedico (o estriptis intelectual).

Fernando Rivas Rebaque

Veure Cinco motivos (políticamente incorrectos) para leer los Padres y Madres de la Iglesia (2)

Silencio. Shûsaku Endô.

Silencio. Shûsaku Endô. Edhasa. Barcelona 2009.silencio_shusaku-endo

Vaig llegir una crítica entusiasmada de Sonia Herrera de la pel·lícula d’Scorsese Silence, basada en aquesta novel·la de Shusaku Endo. Quan em vaig adonar que tractava de les persecucions dels cristians al Japó al segle XVII, vaig pensar que no l’aniria a veure. Cada vegada em costa més apropar-me a la violència, i el tema de la persecució dels cristians (i no només dels cristians) sembla que forma part de la nostra més trista actualitat. No tenia cap ganes de patir, més quan Scorsese té fama de director acostumat a fer servir la crueltat com a recurs.

No em vaig poder resistir, però, a comprar-me la novel·la original, que m’ha semblat fantàstica. Es llegeix molt bé i les qüestions de fons (el patiment injust dels innocents, el silenci de Déu, el significat de la misericòrdia, la ideologització de la fe) fan pensar i molt. De fet toquen el nucli de la fe. Arran de la pel·lícula, els jesuïtes han editat un dossier sobre la base històrica dels fets i dels personatges, sobre el paper dels jesuïtes al Japó i sobre les comunitats cristianes que van sobreviure a la persecució, deslligades de l’Església universal, però encara vives. I a més a més han editat uns quants vídeos i entrevistes. Us poso uns quants enllaços d’interès. I sapigueu, també, que així que pugui aniré a veure aquesta adaptació cinematogràfica, que crec que promet. Ara ja sé de quin mal he de morir i a força de parlar-ne, ja he perdut la por. Crec.

Mercè Solé