¡Basta ya! Abusos sexuales en la infancia

La señora Juana acudía periódicamente a mi consulta a realizarse controles de salud. Rara vez venía sola, siempre la acompañaba su marido al que llamaba “el francés”. Ella entraba y él siempre se quedaba fuera, esperándola. Llegaba con bastante tiempo de antelación. Nunca tenía prisa.

El francés, al que ella llamaba así por su lejana ascendencia gala, era su pareja desde hacía muchos años. Anteriormente estuvo casada con un hombre que no le dio muy buena vida, pero ella, como me diría en alguna ocasión, pensaba que la vida en pareja era eso, aguantar…

Enviudó y conoció a este buen hombre que, aunque seco y malhumorado, la respetaba.

Un buen día acudió a la consulta con un semblante y una luz diferente. Estaba feliz. Era feliz. El día anterior había recibido una llamada telefónica desde una emisora de radio italiana.

Y allí el alma, que tantas veces en su vida se le había partido en pedazos, rozó el éxtasis y la gloria. Merecida gloria.

Su hija, a la que ella había buscado tantos años sin éxito, la localizó. Alguien, posiblemente en su lecho de muerte, quiso limpiar su conciencia y contó esa verdad que guardó tantísimos años.

Juana tenía 78 años cuando me contó su historia. Su hija 67. Iban a encontrarse por primera vez en sus vidas. Era una cría cuando la parió. La niña fue fruto de los abusos sexuales continuos del dueño de la finca en la que Juana trabajaba.

Se la quitaron. Se la robaron y con ella su infancia.

Así que cuando se comunicaron por teléfono las únicas palabras que salían de la boca de ambas era ¡Mamá! ¡Hija! ¡Mamá! ¡Hija! ¡Mamá! …

Dos palabras tantos años silenciadas y que el alma expulsó hasta la extenuación.


Los abusos sexuales a menores de edad se dan en todas las clases sociales, ambientes culturales y razas. Entre el 65 y el 85% de los agresores pertenece al círculo social o familiar de la víctima. En la mayoría de los casos supone una experiencia traumática para el niño o la niña que lo sufre como un atentado contra su integridad física y psicológica, dejando secuelas psicoemocionales y afectando en muchos casos a la respuesta sexual en su vida adulta. Los abusos pueden llegar a afectar de un 15 a un 20% de la población, especialmente del sexo femenino.

No siempre hay denuncia, de modo que el alcance total de los abusos infantiles está lejos de arrojar cifras cercanas a la realidad.

Las edades de mayor riesgo oscilan entre los seis y los ocho años, preferentemente niñas, y de once a trece años, sobre todo chicos en la pubertad. Existen cálculos que indican que entre el 5 y el 10% de los varones ha sido objeto de abusos sexuales durante su infancia. Hay que añadir que ser varón constituye un obstáculo para reconocer este tipo de violencia sexual y, por lo tanto, para denunciarla.

Los datos indican que un 70% de víctimas de abuso sexual tendrá secuelas a corto plazo, y un 50% lo hará a largo plazo, si bien la mayoría de los casos presenta cierta inestabilidad durante el resto de su vida.

Existen estrategias integrales que ofrecen medidas preventivas para reducir los casos de violencia contra la infancia. Cuando los niños y niñas reciben formación sobre abuso sexual demuestran más control y seguridad frente a las situaciones de riesgo. En países como Canadá y EEUU con amplios programas formativos, se reduce a la mitad las probabilidades de sufrir un abuso.

Formemos hasta reducir a la mitad de la mitad, de la mitad…

Consuelo Cantalapiedra Caicedo

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s