¿Qué hace un chico como tú en un lugar como este (= patrología)?

Parafraseando la canción del grupo Burning, ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este? (1978) y adelantándome al plan propuesto inicialmente, este artículo será una especie de estriptis intelectual.

La cosa empezó hace casi cuarenta años en Ciudad Real. Tras haberme echado del seminario en junio (aunque inicialmente se planteó como interrupción por tres años), con 19 años me planteaba qué hacer. Yo había querido estudiar Historia, pero su papel de inscripción era verde, el de Química amarillo y el de Filología, la otra opción, azul. No lo dudé un momento: me apunté a Filología porque me gustaba ese color (sic).

Y ya puestos a complicar las cosas, elegí la especialidad que menos idea tenía: Filología Clásica (había hecho solo un año de griego). Para más inri me tocó un curso con un nivel excepcional. En mi planificación personal había puesto un año dedicado al mundo, otro al demonio y el siguiente a la carne, pero solo pude dedicarme a estudiar griego y latín como un mulo, full time, sábados y domingos inclusive, y más en el tercer año, donde éramos solo tres alumnos: imposible escaquearse.

Para continuar (en el seminario y en la facultad) tuve que venir a Madrid y si en el primer caso fue mucho más exigente y enriquecedor, fue la época dorada de Juan de Dios Martín Velasco como rector, en la Universidad fue bastante flojo, a pesar de tener a profesores de muy reconocido prestigio, pues no siempre la fama se corresponde con la realidad. Compatibilizar teología y filología clásica no me costó mucho trabajo: tenía cuatro horas diarias de transportes públicos y las supe aprovechar.

Acabados los estudios y habiendo sido enviado a Leganés, una ciudad obrera en el sur de Madrid, me tocó ir compatibilizando ahora la pastoral con los estudios de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia Comillas, donde tuve la suerte de tener un excelente plantel de profesores, y posteriormente con el trabajo como corrector de estilo y asesor editorial en San Pablo durante tres años.

Hasta que Comillas me ofreció una beca para hacer el doctorado y entrar como profesor de Historia Antigua y Patrología. Fueron seis fructíferos años donde tuve que compatibilizar, de nuevo, la pastoral en la parroquia, el acompañamiento como consiliario de Madrid de la JOC, las clases en Comillas, la tesis sobre san Basilio y los pobres… y una nueva compañera: insuficiencia renal grave, que me acompañó hasta que defendí la tesis.

A partir de aquí ocho maravillosos años de vida oculta marcada por la diálisis (peritoneal), que me ayudó a no ser el perfecto gilipollas al que estaba llamado, las clases y el contacto con l@s alumn@s, la investigación, sobre todo en tres terrenos: economía, mujeres y espiritualidad en el cristianismo primitivo (que dieron lugar a algunos libros y artículos), la entrada en el Grupo de Orígenes Cristianos, la reducción de la pastoral parroquial a mínimos, el paso a la ACO… y tantas otras cosas que me han hecho madurar, a mi pesar.

En los últimos diez años he abierto mis miras a cuestiones de espiritualidad oriental y terapia de las enfermedades espirituales, he pasado del siglo IV, siglo de oro de la patrística, al siglo II, período fundamental para el cristianismo, compatibilizado el estilo más académico con otro más divulgativo y, sin dejar de producir obras más personales, me he convertido en caza-talentos, preguntándome, como dice la canción del principio: “¿Qué clase de aventuras he venido a buscar?”. En resumen: filó-logo (amante de la Palabra), free-lance y friki.

Fernando Rivas

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